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Cuando te descubrí descubriéndome...

Personajes de la sociedad urbana

Personajes de la sociedad urbana
Mueve el viento.
Mueve el velo
quedo.
Mueve el aire.
Mueve el arce.
Vase.
Luz sin habla.
Voz callada.
Clara.
Sombra justa.
Suena muda.
Luna.

Y él la escucha.


"EL ESCUCHADOR"(Gustavo Adolfo Bécquer)

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Carmen es una señora de linda sonrisa que vive en una pequeña ciudad rodeada de montañas donde aun se respira cierto aire de antaño.
Carmen era una mujer algo sola; tiene un solo hijo y varios nietos que con el tiempo se fueron convirtiendo en hombres y mujeres con una vida de ritmo... "agitado", como el resto del mundo.

Hace 11 años Carmen abrió una pequeña tiendita en el centro de la ciudad, en una de las calles con viejos edificios y familas con casas coloniales que han vivido alli por generaciones.
Carmen es madre, abuela, educadora, mártir, vendedora, muy buena vendedora... pero su mejor profesión es ser escuchadora.

Todos los días Carmen abre su tiendita, atiende a la gente con extrema amabilidad, a veces algunos entran y compran algo (porque ella vende de todo), otros pasan y gritan: 'Ñaaa Carmen! Como está???... pero NUNCA pasa un día sin que al menos alguien entre en busca de alguna tontería y termine contándole su vida, liberándole la insoportable carga de pena, tristeza, dolor, ansiedad y confusión a una desconocida de rostro cálido, discreto, sabio, que simplemente los ESCUCHE.

Carmen ha tenido que espantar algunos cuantos locos, se torea con gran destreza a los comerciantes, tiene algunas deudas, pero ha hecho muchos amigos (que en secreto se refieren a ella como "La Doctora Corazón"...).

Carmen ha estado pensando en cerrar su tiendita, ya se siente algo cansada...
Pero cada vez que piensa que estará sola en su departamento, le amenaza un terrible vacío... y decide continuar.

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Existen muchas "Carmen" en el mundo... algunas acogidas en el seno en pequeños poblados, otras en las esquinas grises de las grandes metropolis donde en muchos casos a veces no hay tiempo (o dinero) para los amigos, el psicoanalista o la familia.

Siempre seguiremos siendo humanos... solo que ahora con mayor necesidad de preguntarnos ¿Como defendernos de la soledad?

Escuchado: "All this time" by Sting"
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8 comentarios

Celeste -

A José Puertas, Daniel K, Miguel Pinto, Martita, mICrO... Muchas gracias a todos por compartir y expresar su sentir respecto a este post... que para mi es muy especial porque va dedicado a una "Carmen" muy particular... a mi abuela.

mICrO, no conocía el cuento de Momo... es simplemente hermoso. De corazon, muchas gracias.

mICrO -

(continua)
Estas palabras se convirtieron en una frase hecha entre la gente de las cercanías. Igual que se dice: «¡Buena suerte!», o «¡Que aproveche!», o «¡Y qué sé yo!», se decía, en toda clase de ocasiones: «¡Vete con Momo! »

Pero, ¿por qué? ¿Es que Momo era tan increíblemente lista que tenía un buen consejo para cualquiera? ¿Encontraba siempre las palabras apropiadas cuando alguien necesitaba consuelo? ¿Sabía hacer juicios sabios y justos?

No; Momo, como cualquier otro niño, no sabía hacer nada de todo eso.

Entonces, ¿es qué Momo sabía algo que ponía a la gente de buen humor? ¿Sabía cantar muy bien? ¿O sabía tocar un instrumento? ¿O es que -ya que vivía en una especie de circo- sabía bailar o hacer acrobacias?

No, tampoco era eso.

¿Acaso sabía magia? ¿Conocía algún encantamiento con el que se pudiera ahuyentar todas las miserias y preocupaciones? ¿Sabía leer en las líneas de la mano predecir el futuro de cualquier otro modo?

Nada de eso.

Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie más era escuchar. Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única.

mICrO -

Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de repente cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. O que los tímidos se sintieran de repente muy libres y valerosos. O que los desgraciados y agobiados se volvieran confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante, a su singular manera, para el mundo.

¡ Así sabía escuchar Momo!

Otra vez, un chico le trajo su canario, que no quería cantar. Eso era una tarea mucho más difícil para Momo. Tuvo que estarse escuchándolo toda una semana hasta que por fin volvió a cantar y silbar.

Momo escuchaba a todos: a perros y gatos, a grillos y ranas, incluso a la lluvia y al viento en los árboles. Y todos le hablaban en su propia lengua.

Algunas noches, cuando ya se habían ido a sus casas todos sus amigos, se quedaba sola en el gran círculo de piedra del viejo teatro sobre el que se alzaba la gran cúpula estrellada del cielo y escuchaba el enorme silencio.

Entonces le parecía que estaba en el centro de una gran oreja, que escuchaba el universo de estrellas. Y también que oía una música callada, pero aun así muy impresionante, que le llegaba muy adentro, al alma. En esas noches solía soñar cosas especialmente hermosas.

Y quien ahora siga creyendo que el escuchar no tiene nada de especial, que pruebe, a ver si sabe hacerlo tan bien.

Momo - Michael Ende

mICrO -

Creo que lo habras leido, pero lo pongo porque me parece genial para tu historia :)
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Una cualidad poco común...

De ahora en adelante, Momo vivió muy bien, por lo menos según su propia opinión. Siempre tenía una u otra cosa que comer, unas veces más, otras menos, tal como iban las cosas y según la gente pudiera prescindir. Tenía un techo sobre su cabeza, tenía una cama, y, cuando tenía frío, podía encender el fuego. Y, lo más importante: tenía muchos y buenos amigos.

Se podría pensar que Momo sólo había tenido mucha suerte de haberse encontrado con gente tan amable, y la propia Momo lo pensaba así. Pero también la gente se dio pronto cuenta de que había tenido mucha suerte. Necesitaban a Momo, y se preguntaban cómo habían podido pasar sin ella antes. Y cuanto más tiempo se quedaba con ellos la niña, tanto más imprescindible se hacía, tan imprescindible que todos temían que algún día pudiera marcharse.

De ahí viene que Momo tuviera muchas visitas. Casi siempre se veía a alguien sentado con ella, que le hablaba solícitamente. Y el que la necesitaba y no podía ir, la mandaba buscar. Y a quien todavía no se había dado cuenta de que la necesitaba, le decían los demás:

- ¡Vete con Momo!

Marta -

Muy cierto, este tipo de gente es necesaria dentro de la vorágine en la que vivimos. No es tan importante el vivir, si no hay nadie que te escuche, y trate de comprenderte.
besos

Miguel Pinto -

Siempre habrá Cármenes, lo importante es descubrirlas para seguir el juego de la vida. Si queremos ser escuchados encontraremos una Cármen, en cambio, si queremos escuchar, pues entonces la Cármen seremos nosotros mismos, no hace falta tener una tienda, hace falta no perder la humanidad, escuchar nos acerca mucho a lo humano.

daniel k -

cuantas carmenes han desaparecido en manos de los super-hyper-mercados...

José Puertas -

Quiero mandar mucho amor a todas las cármenes. Mucho. Sobre todo a las guapas. Jejeje.
Besos.
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